jueves, 5 de diciembre de 2013

La mágia de la vida.

Estar en la ducha sentiendo el agua caliente caer por tu cuerpo. Agarrar muy fuerte la taza de ese café caliente con tus manos frías. Reir hasta que te duela. Una llamada inesperada. Un regalo sin motivo. Ganar una apuesta. Ver la reacción de alguien cuando le das una sorpresa. Despertar y ver que aún te quedan horas para dormir. Que te dejen pasar en el supermercado porque solo llevas una cosa. Escuchar por casualidad como hablan bien de ti. Acabar un libro. Un día en la playa sin hacer nada. Despertar y quedarte bajo las sábanas calentitas cuando fuera hace frío.



Las indirectas. Ese cosquilleo en el estómago antes de enfrentarte a un reto. Cenar y recenar. Observar como alguien escucha tu canción favorita. Intercambiar sonrisas con desconocidos. Una película en la que no importa la historia si no la compañía. Cantar. Bailar. Pasar por una tienda sin esperar comprar nada y acabar con la prenda que llevabas mucho tiempo esperando.Un concierto.



Que no haya nadie en la cola del supermercado. Reventar papel de burbujas. Un abrazo cuando de verdad lo necesitas. Una obra de teatro. Escuchar tu música favorita en el coche y querer que el viaje sea infinito. Desayunar. Peinarte. La cuenta atrás para una fecha especial. Mirar tu película favorita repitiendo los diálogos que ya te sabes de memoria. Bizcocho recien hecho.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Tengo miedo.

Tengo miedo a la soledad. Tengo miedo a acabar en una relación por costumbre en la que mi pareja se pasa las tardes viendo fútbol en el sofá y bebiendo cervezas. Tengo miedo de la monotonía. Tengo miedo a menospreciarme y por eso aceptar cualquier cosa. Tengo miego a todo en general.



Pero, como un profesor me dijo una vez: "Tener miedo es bueno, te ayuda a buscar soluciones a tus problemas y te hace sacar un valor que pensaste perdido o que nunca pensaste tener. Sin embargo, tener pánico será tu final, te paraliza y no te deja avanzar." Y aunque su psicología puede que falle a veces; como cuando me dijo que le parecía una persona segura de mi misma, comentario al que le podría poner muchos peros; me hizo reflexionar en esa frase. Sabiendo que casi todo me da miedo, casi todo me pone nerviosa y demás me hice prometer que nunca dejaría que mis miedos se convirtiesen en pánicos.  Como todo lo escrito es más serio, pues aquí queda dicho.

Tenía miedo a tener miedo, pero ahora sé que en realidad tengo miedo a tener pánico. Todos mis miedos pueden llegar a contradecirse. Tengo miedo a la monotonía, pero también a los cambios y a lo nuevo. Dado mi larga lista de miedos y contradiciones en ellos, creo que solo queda una solución, poner prioridades en ellos y no dejar que ninguno se convierta en pánico.




PD: Acabo de descubrir un grupo que me ha encantado, aquí dejo una canción suya.

http://www.youtube.com/watch?v=u_1wrlIXnFo

martes, 19 de noviembre de 2013

Carta a adolescentes.

Querida adolescente dieciseisañera que deja que su felicidad dependa única y llanamente a la busqueda de un chico que la quiera:
Te escribo esto con el único proposito de que pienses un rato.


"-Tía, ¿por qué estás mal?
- Nadie me quiere, no tengo novio."

Al llegar a este punto de la conversación solo me apetece darme cabezazos contra la pared más cercana. Relajaos, estamos en el siglo XX y una chica de tan solo diciseis años no necesita un novio. Puede disfrutar de los chicos o tener un novio. Está bien de que esta sea la edad de que que se te rompa una uña sea una catástrofe, pero es que me enfadan las niñas que se pasan la vida tristes porque no tienen novio. ¿Pretendes casarte ya?¿Es tu abuela que te presiona?¿Es Dios que por las noches te susurra al oído que no te toques si no estás casada?


"No tengo novio, acabaré rodeada de gatos."



¿Qué tienen en contra de los gatos? Con lo preciosos que son. Está claro que la imagen de la vieja de los gatos de los Simpson han hecho mucho daño a la humanidad, pero ¿acaso es que a los dieciseis años se te acaba la vida?¿Vivir con veinte gatos y sola a los sesenta es tan malo como lo cuentan?

"Miralos, todos tienen novio"

Que en el pueblo en el que vives todo tengan novio no quiere decir nada. A mí me daría más miedo estar en una de esas relaciones que llevan casi tres años y tienen apenas diecisiete y los domingos se los pasan comiendo cocido en casa de la suegra. Prefiero estar sola y no tener que salir con mi cuñada los domingos a estirar las piernas y quejarnos de nuestros novios mientras intercambiamos los cotilleos del pueblo que hemos escuchado en pilates, a la vez que casi estar ya planeando mi voda. Con solo diciseis años creo que tienes que disfrutar de la vida, de tus amigos y de los chicos que quieras cuando quieras.
Así que chicas, relajaos.



Y nadie dice que no sea bonito tener a alguien que te quiera y te dé cariño siempre que lo necesites, pero si con dieciseis años no tienes novio no se acaba la vida. Y encerrada en casa llorando porque no tienes no lo vas a encontrar si esa es tu mayor aspiración en la vida.
En la época en la que estamos me parece triste y atrasado que la única aspiración de una chica sea tener novio.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Sensaciones irrepetibles.

Muchas veces queremos volver a vivir aquella felicidad de cuando con 5 años jugábamos al escondite y conseguiríamos no ser encontrados hasta el último momento para poder salvarte a ti y a todos tus compañeros y sentirte el mayor héroe posible. También nos gustaría volver a vivir aquella sensación con 13 años que acabamos de leer nuestro primer libro gordo, aquel que no queríamos que acabase nunca porque nos tenía enganchados aquel triángulo amoroso, que nos parecía tan interesante aunque fuera un libro vacío, nos parecía el libro más fantástico del mundo. Esa película de la Barbie y el cascanueces que veíamos todo el día y no nos cansábamos de ella.



Pero, ¿qué pasaría si ahora, con nuestras nuevas circunstancias volviéramos a intentar vivir esas sensaciones y experiencias pasadas?

Posiblemente el escondite no tendría sentido y seríamos demasiado egoístas como para salvar a alguien más que nosotros mismos, el juego resultaría repetitivo y aburrido. Si volviésemos a leer ese libro nos daríamos cuenta de que es el peor que hemos leído en nuestra vida y que comparado con los muchos libros que hemos leído después de ese, ese no se merece ni el nombre de 'libro'. Y la película de la Barbie nos traería buenos recuerdos, eso los primeros diez minutos después estariamos artos de tanta cursileria y tanto rosa junto.

Esas son sensaciones irrepetibles, maravillosas en su momento, pero no cuando su momento ya pasó. Por eso y por mucho más lo mejor es vivir la vida en su momento.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Dejar de existir.

Creo que el miedo a la muerte no existe, sino que en realidad es que tenemos miedo a dejar de existir, a no formar parte de nada, a que en unos años tu nombre sea algo desconocido, tu nombre no signifique nada. Y aunque signifique porque has hecho algo importante, tú no lo sabrás porque no eres nada, no existes. Eso es algo que a los humanos les cuesta asimilar por eso, en mi opinión, la creación de tantas religiones. Religiones que te hacen ser eterno, que tu alma nunca muera y por lo tanto nunca te veas obligado a dejar de existir.

No existir, no ser nada, no tener presencia. Son conceptos muy amplios y difíciles de asimilar. Incluso cuando queremos no existir para ver como reaccionarian los demás a ese cambio, suele ser para saber de nuestra importancia. ¿Qué haria esa persona tan importante para ti si tú no estuvieras? ¿Todos los que me abrazan sufrirían por mi muerte? ¿Aquellos que ahora me insultan, me tratan mal y me hacen sufrir serían tan hipócritas como para mencionar que eras "buen chaval" o incluso que te tenían aprecio? Queremos seguir presentes, enterarnos de lo que está pasando existir aunque nadie lo sepa. Nos negamos al hecho que en menos de lo que pensamos ya nadie se acosdará de nosotros.

Somos seres egoístas en nosotros mismos y queremos nuertra presencia. Y por eso no tenemos miedo a la muerte, sino a lo que eso conlleva.


domingo, 20 de octubre de 2013

Devuélveme mis horas perdidas.

El tiempo pasa muy rápido, eso dicen todos. Y yo tengo miedo, tengo miedo a morir habido perdido el tiempo en el que tendría que estar disfrutando por estar pensando en un futuro incierto; por  culpa de buscar un buen futuro, perder el presente. La clave está entre buscar un punto en el que aprender del pasado, sin anclarse en él; vivir el presente y siempre buscar lo mejor para el futuro. Pero ¿dónde está ese punto?

Cuando somos pequeños solo pensamos en el presente y lo vivimos al máximo, nos da igual el futuro y no tenemos pasado que nos marque. En la adolescencia y juventud tenemos que pensar en el futuro, labrarnos uno porque tendremos que vivir toda la vida de eso que planeemos en esos pocos años, eso marcará toda nuestra etapa adulta. Y la vejez nos la pasamos recordando aquellos momentos vividos, pensamos que nuestro tiempo ya pasó y solo nos queda recordar; cuando por el cuntrarío deberíamos buscar nuevas aventuras, aquellas que teníamos prohibidas a una edad anterior o de las que no habríamos disfrutado como con los años que tenemos de experiencia viviendo.

Cuanto mayores somos aumenta la sensación de que "el tiempo vuela" y esto viene con la monotonía y la rutina. Y aquí se presenta mi miedo a la rutina, a no haber aprovechado las 24 horas de cada día, a no haber experimentado todas las experiencias que debería haber hecho. Creo que la rutina es mi mayor enemigo y aquel a el que es más fácil acostumbrarse y eso me da miedo. 

Tengo miedo a un futuro en el que lo único que quiera sea tener una casa con una familia en la que cada día haga lo mismo. Lo que más miedo me da de la rutina es lo fácil que se acostumbra todo el mundo a ella. Lo cómodo es no buscar nuevas experiencias, ni enfrentarnos a nuevos retos. Y para mí, eso es perder el tiempo. 

sábado, 19 de octubre de 2013

El ataque del masoquista.

Llevo 4 años yendo a clases de teatro, cada una de las personas que se apuntas a esa actividad es más rara que la anterior. Pero el premio al más raro se lo lleva un chaval que gracias a Dios y Satanás  solo fue a tres clases. Chico con nombre no importante, pero también conocido como el chico masoquista con una obsesión extraña y preocupante por mí.

Todo empezó cuando nos mandaron hacer un ejercicio en clase en el que teníamos que insultar a un compañero de clase pero con cariño y el niño se acercó a mí y me dijo "puta", así sin contemplaciones ni pensar que tengo un corazoncito, a lo que yo me quedé en shock. En el siguiente ejercicio teníamos que piropear a alguien de clase y el mismo chico se volvió a acercar a mí y me gritó "pechugona" por lo que yo quedé más en shock. Seré todo lo que queréis pero pechugona y puta no están entre mis cualidades.

Pero lo peor fue cuando practicando para una obra en la que yo hacía de cabaretera y llevaba un látigo. Látigo que este niño cogió y con el que me empezó a pegar en plan Christian Grey enfurecido porque te acabas de morder en labio  y yo, que a parte de la manía que ya le tenía y que, que te peguen con un látigo duele, no sabía como reaccionar. A punto estuve de salir corriendo de la clase, llegando a plantearme dejar teatro que iba cagaíca a clase por saber a que clase de tortura me sometería el niño.

Dos clases después el profesor nos comentó que el chico dejaba las clases porque no le gustaba la obra que estábamos haciendo, se creía un gran actor que podía elegir donde actuar o algo. Pero todos sabemos que se largó porque era un inmigrante sin papeles, si es que se le veía en la cara.